En su sermón titulado «¿Para qué sirve la recesión?», el pastor John Piper sugiere que, cuando la economía cae en picada, Dios tiene Sus propósitos. Algunos de estos propósitos podrían ser los siguientes:

1. Exponer pecados escondidos, y conducirnos al arrepentimiento y la purificación.

2. Despertarnos a la realidad de la condición desesperante que caracteriza a este mundo en desarrollo, donde siempre hay recesión, y sólo de la peor clase.

3. Reubicar las raíces de nuestro gozo: Arraigarlas en Su gracia, no en los bienes; en Su misericordia, no en el dinero; en Su valor, no en las riquezas.

4. Promover Su obra misionera salvadora en el mundo (la extensión del evangelio y el crecimiento de Su Iglesia), precisamente en una época en que los recursos humanos han disminuido y tienen menos posibilidad de sustentarla.

5. Hacer que Su Iglesia se ocupe de los miembros que sufren y que crezca en el don del amor.

¿Qué más quiere el Señor enseñarnos en los momentos difíciles? Que nada es imposible para Él (Lucas 1:37); que al ser el dueño de «los millares de animales en los collados» (Salmo 50:10), no lo limitan los reveses económicos; que no ha declarado una moratoria en la Gran Comisión ni nos ha abandonado (Mateo 28:20). ¡No coloquemos nuestras esperanzas en la prosperidad material, sino en Aquel que es el dueño de todo!