Cuenta una fábula de tres creyentes en Jesús que estaban caminando por el sendero de la vida. Cada uno tenía dos sacos. Uno contenía todas las cosas malas que esa persona había hecho en su vida, todos los pecados que había cometido. El otro contenía todas sus buenas obras y actos de obediencia a Cristo.

El primer viajero se puso el saco de sus malas obras alrededor del cuello y lo colgó frente a él. Caminaba despacio, mirando hacia abajo en el saco de los fracasos. Pensaba que si mantenía la mirada en los fracasos tendría menos probabilidades de repetirlos. Llevaba el saco de sus buenas obras detrás de él sobre la espalda.
La segunda persona cargaba el saco de sus virtudes frente a él y el saco de sus maldades sobre el hombro. Razonó que si mantenía la bondad delante de él, tendría mayores probabilidades de tomar buenas decisiones y de tener una mejor vida. Sin embargo, seguía teniendo esa pesada carga de mal sobre su espalda.

La tercera persona puso el saco de sus buenas obras frente a él como recordatorio de la manera en que debía vivir para el Señor. Colocó el saco de sus pecados sobre la espalda. Luego alargó la mano e hizo un agujero en el fondo del saco y dejó caer los pecados sobre el camino que le quedaba atrás. Su viaje era más ligero y agradable. Estaba en el camino que Jesús quiere que andemos.
Las Escrituras nos enseñan que nuestros pecados pasados —incluso las peores cosas que hemos hecho jamás— son perdonados en el momento en que confiamos en Jesús. Él cargó con el castigo de esas cosas sobre la cruz, y Dios nunca más las usará en nuestra contra. No tienen poder; no pueden derribarnos más. Dios nos ha perdonado. No nos hace ningún bien seguir cargándolas.

¿Te deprimes por las cosas que has hecho en el pasado? ¿No puedes superar el sentimiento de culpa y vergüenza? Llévalo a la cruz, confiésalo y déjalo allí. Luego prosigue, con confianza, sabiendo que has sido limpiado de todo tu pecado (Romanos 8:1-2).
No mantengas el presente —ni el futuro— cautivos al pasado. Alarga la mano y haz un agujero en el saco.  —DCE